ALGUIEN TIENE QUE SER EL PRIMERO
El 1 de diciembre de 1955, Rosa Parks rehusó levantarse de un asiento designado sólo para blancos y trasladarse a la parte de atrás de un autobús, negándose a mantener unas normas injustas que propiciaban la discriminación racial en los autobuses de Montgomery, Alabama. Parks fue arrestada bajo la acusación de haber perturbado el orden público, pero, ¿cómo no perturbar un orden ya de por sí retorcido y desequilibrado?
En una frase podríamos resumir este hecho; Érase una vez, el ser humano. Érase una vez la desigualdad, la xenofobia, el racismo, el narcisismo y la injusticia. Érase una vez la ignorancia, el odio y la crueldad. Un mundo a la vez tremendamente pobre, y escandalosamente rico. De individuos libres como el viento y esclavos como lo son, de su condición, los muertos. Lleno de amor inmenso que cruza los mares y mueve ciudades, y odio demoledor, tan fuerte, que es capaz de echar abajo edificios enteros y acabar con la vida de miles de personas. Lugar de murallas altas y desoladoras, y actos solidarios que encogen el alma. Y colorín colorado, este cuento, aún no ha acabado. Muchos justifican el racismo ejercido en épocas anteriores hacia las personas negras con la carta de la ignorancia. Las personas eran crueles, racistas y machistas porque no estaban concienciadas como lo estamos ahora. Bien, yo digo, no hay mayor ignorancia que en la sonrisa de un niño, y no eran ellos sino sus padres los racistas, separándolos a la fuerza con extrema inhumanidad de otros niños negros en el parque o la plaza, mientras éstos jugaban felices compartiendo su pureza e inocencia sin prejuicios ni avaricia. No fue la ignorancia, no. Otros dicen que fueron influenciados por los distintos gobiernos, casi obligados a discriminar a otras etnias, por la presión de la sociedad, y posteriormente, el costumbrismo inclemente de siglos y siglos de racismo y represión. Pero yo solo escucho excusas y vanas justificaciones. No fue la costumbre, no.
Solo un hecho responde a la gran pregunta; hay personas racistas, al igual que hay personas maliciosas, perversas, desagradables, desagradecidas, incultas por elección, cabezudas y tóxicas. Y desgraciadamente, son más numerosas y sonantes que las buenas personas. Pues una bofetada puede echar abajo la felicidad compartida por un beso, pero un beso de ninguna manera puede arreglar una bofetada tras propinarla. No es, por lo tanto, la crueldad humana, poca causa del racismo. Tras reflexionar, podemos concluir que, desafortunadamente, pesa más el acto negativo, que el positivo. Sin embargo, jamás se debe perder la esperanza, pues el acto positivo, si es persistente, astuto y de gran fuerza, a su ritmo, acabará por curar con un beso, el daño causado por siglos de bofetadas.
Alguien tiene que ser el primero/a, y el nombre de ese/esa valiente será recordado por siempre. Todos agradecemos el coraje y la determinación de Rosa Parks, eterna heroína.