Todos hemos oído hablar o bien por las calles o bien en nuestros entornos más cercanos sobre la comunidad LGTBI. Afortunadamente, a pesar de que ciertos sectores de la población sigan considerando que ser integrantes de esta comunidad se trata de una “moda” algo bizarra, estos individuos son comúnmente aceptados y respetados. No obstante, hemos de tener en cuenta que laspersonas pertenecientes a esta comunidad, no siempre han gozado de la libertad que ahora poseen. De hecho, hasta hace tan solo unos años, en los continentes más desarrollados del mundo, tales como Europa, la sociedad las trataba como personas que padecían de algún tipo de trastorno mental. Entonces yo me pregunto: ¿Por qué antaño dichas personas eran tratadas como enfermos mentales?
Aunque el ser humano se haya coronado como el ser más inteligente del planeta Tierra, no hemos de olvidar, que en cierta medida, somos seres irracionales que en ciertas ocasiones, actuamos por instinto. Es decir, desde que somos unos simples críos, nos enseñan lo que es “normal” y lo que no lo es. Una vez que algo cruza la frontera imaginaria trazada en nuestro cerebro hacia lo que nosotros conocemos como “anormal”, se produce un cortocircuito en nuestras neuronas, que no nos permite pensar con claridad, y que provoca que nuestro cerebro comience a maquinar formas de convertir tal fenómeno paranormal en lo que consideramos “normal y corriente”. Sin embargo, ¿qué es esa normalidad que buscamos con tantas ansias? ¿Existe realmente una normalidad?
Somos víctimas constantes del inconformismo y de la queja hacia todos los aspectos de nuestra vida, como por ejemplo, la sociedad en la que vivimos. En cambio, ¿no es cierto que los valores de nuestra sociedad son nuestros valores porque al fin y al cabo cada uno de nosotros conforma esta comunidad tan criticada? También somos los números uno, en echarnos los muertos los unos a los otros, y en justificarnos afirmando que no está en nuestra mano solucionar ese problema o que por más que nos esforcemos nunca conseguiremos nada.
En conclusión, todos deberíamos aportar nuestro granito de arena en esta lucha contra la “normalidad”, tal y como lo hicieron los clientes del Stonewall Inn en el barrio neoyorquino de Greenwich Villagese, allá por finales de los años sesenta, los cuales lucharon en oposición al hostigamiento que recibían los miembros de una comunidad gay, por parte de la policía, que a su vez estaba apoyada por el gobierno; con el fin de que no haya ni una sola víctima más de la opresión ni que un dedo más señale a estos individuos de padecer trastornos mentales a causa de su orientación sexual o de su identidad sexual.