En nuestro mundo actual vemos a las mujeres están consideradas, en la mayoría de países, como lo que son, personas iguales a los hombres en cuanto a derechos, capacidades y libertades. En nuestro mundo occidental las mujeres tienen su lugar en todos los campos, culturales, político, económico. Sin embargo, no siempre ha sido así a lo largo de la historia, y hoy, en pleno s.XXI, podemos constatar que las mujeres son vistas aún en muchos lugares de nuestro planeta como seres inferiores a un hombre.
En las sociedades primitivas, en las que la vida giraba en torno a la caza y la recolección, las mujeres eran las encargadas de recolectar mientras que los hombres eran los encargados de traer la carne. En la Edad Media se consolidó un mundo basado en el hombre como centro de todo, en el que la mujer quedó definitivamente relegada de la vida pública, siendo obligada a ser sólo esposa y madre.
Hubo que esperar a 1918, con la Primera Guerra Mundial, cuando la historia hizo que el papel de la mujer tomara un camino diferente. La guerra obligó a las mujeres a salir de sus casas y a tomar parte activa en la vida pública, pues los hombres debían ir a la guerra y alguien debía encargarse de las tareas que hasta ahora se reservaban sólo los hombres. Este papel se desarrolló aún mas en la Segunda Guerra Mundial.
Este cartel, Women of Liberia, hace referencia a una situación que guarda mucha relación con lo anteriormente referido. En África la consideración de la mujer a lo largo de la historia ha sido de sumisión y de inferioridad, tanto en el campo como en las ciudades, y tanto en la vida publica como en la privada. En Liberia estalló una guerra civil en el año 2000, fue una guerra larga y cruel que se llevó la vida de miles de liberianos.
En ella el papel de la mujer fue muy importante, ellas se vieron obligadas a esconder a sus maridos e hijos durante meses para evitar que fueran reclutados o asesinados, caminar kilómetros en busca de agua y comida e intentar mantener sus casas mientras sus padres o esposos estaban fuera.
Sobrepasadas por esta situación, un grupo de mujeres liberianas cristianas tomaron la decisión de hacer campaña por la paz. Evitaron pronunciarse públicamente a favor de uno u otro bando, no tomaron opción política, sólo lucharon de forma pacífica por la paz, puesto que este era su único fin. Estas mujeres cambiaron la historia de su país porque con su tesón, decisión y unidad consiguieron convencer, no de forma fácil, a ambos bandos para que se sentaran y llegaran a un acuerdo de paz.
Este gran logro de las mujeres no hace sino reflejar una vez más que ellas, a las que se ha intentado a lo largo de toda nuestra historia y aún hoy en muchos países, dejar fuera de los acontecimientos y decisiones, forman parte activa ineludible de los mismos.
Me llama mucho la atención que pese a la gran lucha mantenida en un largo periodo de tiempo, pese a los grandes logros que han conseguido, ya sea para sí mismas o para sus países o incluso la humanidad, éstos hayan sido totalmente ignorados y hoy en día sigamos hablando de la lucha de las mujeres por la igualdad. Y sigue siendo noticia porque actualmente la desigualdad de las mujeres es una realidad, evidente y aplastante en algunos países y, más discreta en otros. Su origen, y que no se haya acabado con esa concepción aún hoy llama poderosamente mi atención, creo sinceramente que no existe motivo fundado alguno para mantener la superioridad del varón, pero pese a ello, ahí sigue la desigualdad. Quizá esta no es sino una prueba más de que el paso del tiempo no es siempre igual a progreso.
Tras esta situación que sigue viviendo la mujer en la actualidad subyace una tradición histórica que se sigue manteniendo en la educación que se da a los niños y niñas aún hoy. Las medidas judiciales de prevención y de reinserción que se aplican en la actualidad no tienen gran resultado, pues en la gran mayoría de los casos, ni evitan que se produzcan ni consiguen el posterior arrepentimiento del que produce el daño.
Creo que es necesario en primer lugar, un cambio radical en la mentalidad de los que enseñan en la infancia, familias y profesorado y ello porque si conseguimos el rechazo absoluto a estas situaciones no serán necesarias las medidas de prevención y tampoco las de castigo a las mismas. Y también es importante, desde mi punto de vista, un rechazo social efectivo, no vale mirar a otro lado cuando no nos toca de cerca, es necesario que todos actuemos al mismo tiempo y en el mismo sentido, así, y tal y como consiguieron su objetivo las mujeres en Liberia, puede que consigamos cambiar en nuestro momento histórico un hecho que viene produciéndose desde que tenemos constancia de nuestra existencia.
Diego León León (2º de Bachillerato F)